
Mademoiselle Ariadna: - Se acabó. Búsquese otro sicario.
Aquí está mi renuncia. - ¿Qué? - No! Gracias. – Guárdese la mayor paga.
Que no es por el dinero: - Estoy harto del viaje.
Harto de usted, de sus imprecisiones, de sus improvisaciones.
De sus carreteles y de sus hilos anudados.
De sus horóscopos y demás enredos.
Y de sus explicaciones, sobretod
o de sus explicaciones.
Y de sus obsesiones con los animales. Y de volverme loco.
Por eso, le repito, para ese affaire de la vaca, búsquese otro sicario.
Aquí está mi renuncia. - ¿Qué? - No! Gracias. – Guárdese la mayor paga.
Que no es por el dinero: - Estoy harto del viaje.
Harto de usted, de sus imprecisiones, de sus improvisaciones.
De sus carreteles y de sus hilos anudados.
De sus horóscopos y demás enredos.
Y de sus explicaciones, sobretod
o de sus explicaciones.Y de sus obsesiones con los animales. Y de volverme loco.
Por eso, le repito, para ese affaire de la vaca, búsquese otro sicario.
Vamos Parrain...Usted sabe que nadie es tan libre.
ResponderEliminar¿Todavía no leiste a Marechal, Simon?, dijo que De todo laberinto se sale por arriba
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